«… un grupo social, provisto de una concepción propia del mundo, aunque sea embrionaria, pero
manifiesta en la acción (lo que quiere decir que se manifiesta ocasionalmente, irregularmente, o sea,
cuando ese grupo se mueve como un conjunto orgánico), tiene, por razones de sumisión y
subordinación intelectuales, una concepción del mundo no propia, sino tomada en préstamo de otro
grupo, y la afirma verbalmente, y hasta cree seguirla, porque efectivamente la sigue en «tiempos
normales», o sea, cuando la conducta no es independiente y autónoma, sino, como queda dicho,
sometida y subordinada. He aquí, pues, que no se puede separar la filosofía de la política, y hasta que se
puede demostrar que la elección y la crítica de una concepción del mundo constituyen por sí mismas un
acto político.»
-Antonio Gramsci, «Cuadernos de la cárcel», Volumen 4, México, Era, 1986 p. 247.
